De la gratificación instantánea al
enfoque: cómo rescatar la atención de nuestros hijos.
Por. Marcos Marte
El
efecto Flynn inverso: ¿la generación más «idiotizada» o la más sobre
estimulada?
Durante décadas, la ciencia documentó un
fenómeno constante: generación tras generación, las puntuaciones en las pruebas
de inteligencia aumentaban en gran parte del mundo. Sin embargo, en varios
países desarrollados, esa tendencia no solo se frenó, sino que comenzó a
revertirse. A este fenómeno se le conoce como el efecto Flynn inverso.
Ante esta realidad, resulta tentador señalar a
los jóvenes y etiquetarlos como la generación menos capaz de la historia. Pero
antes de lanzar culpas, conviene hacer una pausa y mirar lo que los adultos
pusimos en sus manos.
El
experimento que no medimos
Nuestros hijos han crecido dentro de un
experimento social e intelectual sin precedentes. Les entregamos acceso
ilimitado a un dispositivo capaz de ofrecer entretenimiento infinito: videos de
tres segundos, notificaciones incesantes, videojuegos hiperactivos y
gratificación instantánea a un solo toque de distancia.
Tiempo después, nos descubrimos haciendo las
mismas preguntas:
- ¿Por
qué no pueden concentrarse?
- ¿Por
qué no terminan un libro?
- ¿Por
qué necesitan la pantalla hasta para comer?
- ¿Por
qué hacer la tarea durante veinte minutos les parece una eternidad?
Quizá llevamos años planteando la pregunta
equivocada. El dilema central no es que los jóvenes sean menos inteligentes; el
problema real radica en el tipo de cerebro que estamos entrenando.
El
entrenamiento invisible
Leer un libro exige mantener la atención.
Resolver un problema complejo requiere tolerancia a la frustración. Aprender
algo nuevo exige repetición, y el aburrimiento es el estímulo natural para que
la mente desarrolle su propia creatividad sin depender de recompensas
inmediatas.
El entorno digital, en cambio, ofrece un
circuito muy distinto:
- ¿No te
gustó? Desliza.
- ¿Te
aburriste? Desliza.
- ¿No te
sorprendió? Desliza.
Con cada interacción, el cerebro aprende una
lección silenciosa: ¿para qué soportar el aburrimiento o el esfuerzo si
puedo escapar de ellos en un segundo?
Estímulo
digital ──> Gratificación instantánea ──> Menor tolerancia a la
frustración
El verdadero desafío surge cuando se apaga la
pantalla. El mundo real sigue siendo lento: un profesor no cambia de tema cada
quince segundos, los libros no tienen desplazamiento infinito, las matemáticas
no ofrecen recompensas instantáneas y las conversaciones humanas no se pueden
adelantar. Cualquier logro sustancial en la vida requiere precisamente lo que
estamos dejando de ejercitar: paciencia, enfoque y resistencia al malestar.
La
tecnología no es la niñera
Es momento de asumir nuestra cuota de
responsabilidad. Fuimos los adultos quienes entregamos esta tecnología, muchas
veces para lograr que comieran, para mantenerlos tranquilos, para poder
trabajar o simplemente para obtener unos minutos de silencio. Hoy comenzamos a
pagar el costo de haber convertido una herramienta en una niñera digital.
Sin embargo, el panorama no es irreversible.
La neuro plasticidad nos demuestra que el cerebro conserva la capacidad de
adaptarse:
- La
atención se puede reeducar.
- La
paciencia se puede ejercitar.
- El
hábito de la lectura se puede cultivar de nuevo.
- La
capacidad de aburrirse se puede recuperar.
Esta no tiene por qué ser la generación más
limitante de la historia. Puede convertirse en la generación que aprendió a
dominar la tecnología sin permitir que esta dominara su mente. Pero para
lograrlo, debemos dejar de culpar a los niños y asumir el compromiso de
guiarlos en el uso del mundo que pusimos en sus manos.
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