martes, 8 de septiembre de 2026

La era del conocimiento disponible: ¿Por qué el docente sigue siendo insustituible?

 

La era del conocimiento disponible: ¿Por qué el docente sigue siendo insustituible?

Por. Marcos Marte

Si puedo aprenderlo en YouTube, ¿para qué necesito a un maestro?

«Todo esto lo puedo aprender en YouTube. Entonces, ¿para qué lo necesito a usted?».

Un alumno le hizo esta pregunta a su profesor, y el salón entero quedó en silencio. La pregunta podía parecer una falta de respeto, pero el docente decidió responder de otra manera.

—Tienes razón en algo —le dijo—. Hoy puedes encontrar la explicación de casi cualquier tema en internet. Puedes aprender una fórmula, consultar una fecha, ver cómo resolver una ecuación, escuchar una clase de historia o incluso aprender otro idioma.

Entonces surge una pregunta incómoda para quienes nos dedicamos a la docencia: si la información está disponible en segundos, ¿cuál es nuestra función?

Quizá en esa respuesta reside el verdadero cambio paradigmático: el maestro ya no necesita ser únicamente quien entrega la información. Hoy su rol fundamental es ayudar al estudiante a comprenderla, cuestionarla, relacionarla y utilizarla. Porque encontrar una respuesta rápida no significa necesariamente entender el concepto.

Imaginemos que un estudiante busca cómo resolver una ecuación cuadrática: encuentra un video, memoriza el procedimiento y logra resolver cinco ejercicios. Pero ¿qué sucede si el profesor cambia las condiciones del problema y le pregunta por qué funciona ese procedimiento? Es en ese momento donde repetir los pasos de memoria deja de ser suficiente, y donde emerge la verdadera mediación docente.

Lev Vygotsky nos enseñó que aprender implica acompañamiento y un contexto sociocultural adecuado. Por su parte, Paulo Freire cuestionaba la «educación bancaria», aquella donde el maestro simplemente deposita información en la mente de sus alumnos como si fueran recipientes vacíos.

 

Un buen profesor realiza un trabajo que un video grabado difícilmente puede lograr por sí solo:

  • Observa tus procesos de razonamiento.
  • Te cuestiona por qué pensaste de determinada manera.
  • Te propone un reto diferente según tu nivel.
  • Escucha tus argumentos y contrapone ideas para generar debate.
  • Te brinda andamiaje cuando te estancas.
  • Aprende a la par contigo.

Esto no significa que YouTube, la inteligencia artificial o el internet sean enemigos del educador; por el contrario, son herramientas extraordinarias. El verdadero problema comienza cuando una clase presencial ofrece exactamente lo mismo que un video de cinco minutos: información pasiva para copiar y memorizar.

La pregunta de aquel alumno no debería molestarnos; al contrario, debería darnos un impulso. Si un estudiante puede encontrar el contenido conceptual en internet, nuestra tarea consiste en ofrecer algo superior: enseñarle qué hacer con ese conocimiento.

Así, la próxima vez que alguien pregunte para qué necesita a un maestro si ya existe internet, la respuesta debería ser clara: para que no solo encuentres respuestas, sino para que aprendas a pensar qué hacer con ellas.

 

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