La era del
conocimiento disponible: ¿Por qué el docente sigue siendo insustituible?
Por. Marcos Marte
Si puedo
aprenderlo en YouTube, ¿para qué necesito a un maestro?
«Todo esto lo puedo aprender en YouTube.
Entonces, ¿para qué lo necesito a usted?».
Un alumno le hizo esta pregunta a su profesor,
y el salón entero quedó en silencio. La pregunta podía parecer una falta de
respeto, pero el docente decidió responder de otra manera.
—Tienes razón en algo —le dijo—. Hoy puedes
encontrar la explicación de casi cualquier tema en internet. Puedes aprender
una fórmula, consultar una fecha, ver cómo resolver una ecuación, escuchar una
clase de historia o incluso aprender otro idioma.
Entonces surge una pregunta incómoda para
quienes nos dedicamos a la docencia: si la información está disponible en
segundos, ¿cuál es nuestra función?
Quizá en esa respuesta reside el verdadero
cambio paradigmático: el maestro ya no necesita ser únicamente quien entrega la
información. Hoy su rol fundamental es ayudar al estudiante a comprenderla,
cuestionarla, relacionarla y utilizarla. Porque encontrar una respuesta rápida
no significa necesariamente entender el concepto.
Imaginemos que un estudiante busca cómo
resolver una ecuación cuadrática: encuentra un video, memoriza el procedimiento
y logra resolver cinco ejercicios. Pero ¿qué sucede si el profesor cambia las
condiciones del problema y le pregunta por qué funciona ese
procedimiento? Es en ese momento donde repetir los pasos de memoria deja de ser
suficiente, y donde emerge la verdadera mediación docente.
Lev Vygotsky nos enseñó que aprender implica
acompañamiento y un contexto sociocultural adecuado. Por su parte, Paulo Freire
cuestionaba la «educación bancaria», aquella donde el maestro simplemente
deposita información en la mente de sus alumnos como si fueran recipientes
vacíos.
Un buen profesor realiza un trabajo que un
video grabado difícilmente puede lograr por sí solo:
- Observa
tus procesos de razonamiento.
- Te
cuestiona por qué pensaste de determinada manera.
- Te
propone un reto diferente según tu nivel.
- Escucha
tus argumentos y contrapone ideas para generar debate.
- Te
brinda andamiaje cuando te estancas.
- Aprende
a la par contigo.
Esto no significa que YouTube, la inteligencia
artificial o el internet sean enemigos del educador; por el contrario, son
herramientas extraordinarias. El verdadero problema comienza cuando una clase
presencial ofrece exactamente lo mismo que un video de cinco minutos:
información pasiva para copiar y memorizar.
La pregunta de aquel alumno no debería
molestarnos; al contrario, debería darnos un impulso. Si un estudiante puede
encontrar el contenido conceptual en internet, nuestra tarea consiste en
ofrecer algo superior: enseñarle qué hacer con ese conocimiento.
Así, la próxima vez que alguien pregunte para
qué necesita a un maestro si ya existe internet, la respuesta debería ser
clara: para que no solo encuentres respuestas, sino para que aprendas a
pensar qué hacer con ellas.