jueves, 29 de agosto de 2024

Norberto Tiburcio Durán: Héroe de la Restauración Dominicana (1829-1911)

 

Norberto Tiburcio Durán: Héroe de la Restauración Dominicana

(1829-1911)

Profesor. Marcos Marte  

Norberto Tiburcio Durán, reconocido general de la Restauración y figura emblemática de la historia dominicana, nació en 1829 en Jarabacoa, Provincia de La Vega. Hijo de Luis Tiburcio Bueno, un comerciante de andullos entre el Cibao y el Sur, y Juana Durán, Tiburcio Durán se destacó no solo por su valor en el campo de batalla sino también por su lealtad y dedicación a la causa de la independencia y la soberanía nacional.

Lealtad y Luchas en la Restauración

Norberto Tiburcio Durán fue un hombre de mucha confianza y estima para Gregorio Luperón, uno de los principales líderes de la Restauración. Su compromiso con el Partido Azul, partido que lideraba Luperón, reflejaba su profunda convicción en la lucha por la libertad y la justicia. Durante la Guerra de Restauración, que buscaba la expulsión de los españoles y la restauración de la independencia dominicana, Tiburcio Durán luchó en diversas batallas cruciales, incluyendo San Cristóbal, Baní, El Maniel y San Juan, demostrando su valentía y habilidades militares.

Gobernador y Revolucionario

En 1878, Norberto Tiburcio Durán fue nombrado gobernador de La Vega, cargo desde el cual continuó su lucha por la causa nacionalista. En ese mismo año, junto al general Cándido de Vargas, lideró la "Revolución de los Pinos", un levantamiento que duró siete meses y que fue crucial para derrotar al baecismo, el movimiento liderado por Buenaventura Báez que buscaba la anexión de la República Dominicana a potencias extranjeras. Esta revolución ayudó a sepultar definitivamente el "baecismo antiduartiano y extranjerizante", consolidando así la soberanía e independencia dominicanas.

Legado y Reconocimiento

El legado de Norberto Tiburcio Durán es recordado con honor en su ciudad natal, Jarabacoa, donde una calle lleva su nombre en reconocimiento a sus contribuciones a la patria. Su vida y sus acciones son un testimonio de su inquebrantable compromiso con la libertad y la independencia de la República Dominicana.

Norberto Tiburcio Durán falleció el 1 de enero de 1911 en Jarabacoa, dejando tras de sí una vida dedicada a la lucha por la justicia y la libertad. Su nombre y sus hazañas continúan siendo una fuente de inspiración y orgullo para los dominicanos, recordando siempre el valor y la determinación necesarios para preservar la independencia y la soberanía nacional.

 

 

José Agustín Concepción Susana: Un Pionero del Periodismo y la Literatura Dominicana, (1906-1999).

José Agustín Concepción Susana: Un Pionero del Periodismo y la Literatura Dominicana 1906- 1999).

     Prof. Marcos Marte  

José Agustín Concepción Susana, historiador, poeta, periodista y educador dominicano, dejó una huella imborrable en la historia literaria y periodística de la República Dominicana. Nacido en La Vega en 1906, Concepción Susana mostró desde muy joven un talento innato para las letras. A los once años, inició su carrera periodística en el semanario vegano 'El Día' en 1917, un hecho notable que marcó el inicio de una trayectoria profesional extensa y fructífera.

Carrera Periodística

La carrera periodística de Concepción Susana abarcó diversas ciudades dominicanas, incluyendo La Vega, Santo Domingo, Barahona, Santiago, San Francisco de Macorís y Azua. En La Vega, se destacó como fundador de varios periódicos que se convirtieron en importantes medios de comunicación locales:

"El Zumbador" (1920)

"El Combate" (1927)

"El Iris" (1927)

"El Norte" (1948)

También fundó la revista "Alma Cibaeña" en Santiago, consolidando su influencia en el ámbito periodístico del Cibao. Su versatilidad como periodista lo llevó a trabajar como redactor en diversos medios, tales como "El Duende", "El Esfuerzo", "El Sur", "La Nación" y "El Caribe". Entre 1968 y 1972, se desempeñó como corrector de estilo del prestigioso Listín Diario, uno de los periódicos más importantes del país.

Contribuciones Literarias e Históricas

Además de su prolífica carrera periodística, José Agustín Concepción Susana fue un poeta y ensayista distinguido. Su poesía, de corte tradicional, se reflejó en obras como:

"Rosas en botón"

"Canto a Sandino" (1928)

"Ofrenda" (1934)

"Demetrio Rodríguez" (1951)

"El general José Brache y la teoría antililisista mocana" (1985)

Sus ensayos históricos, especialmente los de su última etapa como escritor, se caracterizaron por una rigurosa investigación y una representación justa de los hechos y personajes históricos de su época. Su enfoque se destacó por evitar el discurso contestatario, optando en cambio por un análisis equilibrado y objetivo.

Legado y Reconocimientos

En 1983, Concepción Susana fue uno de los miembros fundadores del Instituto Dominicano de Genealogía, una institución dedicada al estudio y preservación de la historia familiar y nacional. Su compromiso con la investigación histórica y la literatura dejó un legado que continúa siendo una fuente de inspiración para futuros periodistas, historiadores y poetas dominicanos.

José Agustín Concepción Susana falleció el 5 de mayo de 1999, dejando tras de sí una vida dedicada al servicio de la cultura y la educación en la República Dominicana. Su obra y su legado perduran, reflejando el espíritu de un pionero que supo combinar con maestría el arte de la escritura y la investigación histórica.

 

miércoles, 10 de abril de 2024

Salomé Camila Henríquez Ureña (1894-1973): Un Legado Intelectual Perdurarte Por. Marcos Marte

 


Salomé Camila Henríquez Ureña (1894-1973): Un Legado Intelectual Perdurarte

Por. Marcos Marte

Salomé Camila Henríquez Ureña, una figura emblemática en el panorama intelectual del siglo XX en Latinoamérica y el Caribe, dejó un legado que trasciende fronteras y generaciones. Nacida en Santo Domingo en 1894, esta destacada escritora, educadora y humanista dominicana, nacionalizada cubana, marcó un hito en la historia cultural de la región.

Hija de los reconocidos intelectuales Francisco Henríquez y Carvajal y Salomé Ureña de Henríquez, desde temprana edad, Salomé Camila demostró un talento excepcional. A los nueve años, se trasladó con su familia a Cuba, donde iniciaría una trayectoria académica y profesional que la llevaría a destacarse a nivel internacional.

Henríquez Ureña obtuvo su doctorado en Filosofía, Letras y Educación en la prestigiosa Universidad de La Habana en 1917. No contenta con ello, continuó sus estudios en las universidades de Minnesota y Columbia en Estados Unidos, consolidando así una formación integral que influiría profundamente en su obra y pensamiento.

Su carrera académica y su compromiso con la educación la llevaron a ocupar diversos roles de relevancia. Desde su labor como editora del Fondo de Cultura Económica de México entre 1946 y 1947, hasta su papel como asesora técnica del Ministerio de Educación de Cuba entre 1960 y 1962, Henríquez Ureña dejó una marca indeleble en la promoción de la cultura y el conocimiento.

Como catedrática en el departamento de Lenguas y Literaturas Hispánicas de la Universidad de La Habana y en Vassar College en Estados Unidos, compartió su profundo conocimiento y pasión por las letras, influenciando a varias generaciones de estudiantes y académicos.

Pero su legado va más allá de sus contribuciones académicas. Henríquez Ureña se destacó como una crítica literaria aguda y una conferencista elocuente, abogando siempre por la integración de la mujer en el ámbito intelectual. En Cuba, presidió la Sociedad Femenina y fue fundadora de la Institución Hispano Cubana de Cultura, demostrando su compromiso con la igualdad de género y el acceso universal a la educación y la cultura.

La Universidad de Santo Domingo reconoció su vasta contribución otorgándole el título de Profesora Honoraria, un testimonio del respeto y la admiración que inspiraba en su país natal.

El 12 de septiembre de 1973, Salomé Camila Henríquez Ureña dejó este mundo, pero su legado perdura en las mentes y corazones de aquellos que valoran el conocimiento, la educación y la búsqueda incansable de la verdad. Su vida y obra continúan siendo una fuente de inspiración para las generaciones venideras, recordándonos el poder transformador del pensamiento y la cultura en la construcción de un mundo más justo y equitativo.


viernes, 15 de marzo de 2024

 


La Batalla del 19 de Marzo: Un Histórico Combate en Azua

Profesor. Marcos Marte

La Batalla del 19 de Marzo, también conocida como la Batalla de Azua, representa un episodio crucial en la historia de la República Dominicana. Este enfrentamiento, que tuvo lugar el 19 de marzo de 1844, marcó el primer combate significativo entre las fuerzas dominicanas y las tropas invasoras haitianas, lideradas por el Presidente haitiano Charles Rivière-Hérard Ainé. La batalla se libró en Azua, una localidad estratégica en el camino de San Juan de la Maguana, y su desenlace significó un punto de inflexión en la lucha por la independencia y la soberanía del pueblo dominicano.

El escenario estaba preparado para un enfrentamiento histórico. Las fuerzas dominicanas, lideradas por el General Pedro Santana, estaban compuestas por unos 2,500 soldados provenientes de diversas regiones del este y sur del país. En contraste, las tropas haitianas, bajo el mando de Rivière-Hérard Ainé, contaban con alrededor de 8,000 hombres, reclutados principalmente de la capital haitiana y de Mirabelais.

Desde las primeras luces del alba, el General Santana desplegó sus tropas estratégicamente, formando una línea de defensa que abarcaba desde el camino del Barro en el noroeste hasta el camino de Los Conucos en el suroeste. En el flanco derecho, los fusileros azuanos, comandados por Valentín Alcántara y Vicente Noble, junto con un contingente de macheteros entrenados por el coronel Antonio Duvergé, se prepararon para el enfrentamiento. En la retaguardia de este flanco, Nicolás Mañón lideraba a 200 hombres desde el Cerro de Resolí.

En el centro de la defensa dominicana, flanqueando el camino de San Juan de la Maguana, se posicionó una pieza de artillería de gran calibre, dirigida por Francisco Soñé, respaldada por las tropas monteras y hateras comandadas por Juan Esteban Ceara, Lucas Díaz y Luis Álvarez. A la izquierda, otra pieza de artillería y los fusileros de Matías de Vargas, José Leger y Feliciano Martínez se prepararon para el combate. El coronel Duvergé, como jefe de la línea de defensa, coordinaba las operaciones según las necesidades del momento.

La batalla comenzó con el asalto haitiano por el centro, liderado por el general Thomas Héctor. Sin embargo, un error táctico en la formación de la columna cerrada facilitó el impacto de la artillería dominicana, que diezmó las filas enemigas con rondas sucesivas de metralla. Los fusileros dominicanos, bajo el mando de Lucas Díaz, aprovecharon la confusión para descargar sus armas y lanzar una carga de machete que desbarató el avance haitiano en este frente.

Mientras tanto, en el flanco izquierdo dominicano, las tropas haitianas intentaron atacar las posiciones defendidas por Matías de Vargas, Leger y Martínez en el camino de Los Conucos. Sin embargo, la eficaz defensa, respaldada por una pieza de artillería de menor calibre, frustró el intento enemigo, resultando en la caída de los dos coroneles haitianos que dirigían el ataque.

El desenlace de la batalla fue desfavorable para las tropas haitianas, que se vieron obligadas a retirarse en desorden. El ala izquierda haitiana, compuesta por el segundo y sexto regimiento, se enfrentó a los azuanos de Duvergé, apoyados por los fusileros de Nicolás Mañón desde el Cerro de Resolí. Una valiente carga a machete sembró el pánico entre las filas haitianas, que retrocedieron presas del terror y la mortandad causada por las armas blancas.

Tras la batalla, las fuerzas dominicanas persiguieron y hostigaron al ejército haitiano en retirada hasta una legua de la ciudad. El General Santana, reconociendo la importancia de mantener la presión sobre el enemigo, se retiró estratégicamente a Baní, dejando a cargo de la defensa del paso del desfiladero del Número al General Antonio Duvergé.

La Batalla del 19 de Marzo de 1844 en Azua no solo representó una victoria militar para las fuerzas dominicanas, sino que también consolidó el espíritu de resistencia y determinación del pueblo dominicano en su lucha por la independencia y la soberanía nacional. Este episodio histórico sigue siendo recordado como un símbolo de la valentía y la determinación del pueblo dominicano en la defensa de su libertad y dignidad.

lunes, 11 de marzo de 2024

 


Federico William M. Lithgow Ceara (1902-1977): Un legado de altruismo y multifacética pasión

Profesor. Marcos Marte 

Federico William M. Lithgow Ceara fue más que un médico y filántropo dominicano. Nacido en La Vega en 1902, su vida se destacó por una dedicación incansable a servir a los demás y por una pasión multifacética que abarcaba desde la medicina hasta la música y el alpinismo.

Desde sus primeros años, Lithgow demostró un compromiso innato con el aprendizaje y el servicio. Inició su carrera educativa como maestro en el Colegio San Sebastián y la Escuela Normal, buscando recursos para poder realizar su sueño de estudiar Medicina en Santo Domingo. En 1923, comenzó su formación médica, graduándose como "Licenciado en Medicina" el 30 de julio de 1926, siguiendo la costumbre de la época.

Lo que distinguió a Lithgow en su práctica médica fue su enfoque filantrópico. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, su clientela estaba compuesta principalmente por pacientes pobres. Su compromiso con el bienestar de los menos privilegiados lo llevó a cobrar mínimas tarifas o incluso a proporcionar medicamentos de forma gratuita. Para él, la medicina no era solo una profesión, sino una vocación para servir y aliviar el sufrimiento humano.

Sin embargo, su vida no se limitó al ámbito médico. Lithgow era un hombre de muchos talentos e intereses. Practicaba el alpinismo y dejó un legado de escritos sobre el tema, demostrando su amor por la naturaleza y la aventura. Además, era hábil en la ejecución de varios instrumentos musicales, mostrando su pasión por el arte y la expresión creativa.

A lo largo de su vida, Lithgow también desempeñó roles significativos en la esfera pública y cultural de la República Dominicana. Sirvió como regidor del Ayuntamiento durante varios años y ocupó cargos prominentes en diversas organizaciones, incluyendo la vicepresidencia de Amantes de la Luz y la presidencia de la asociación cultural Pro-Arte en dos ocasiones. Además, tuvo una destacada participación en la Asociación Médica de Santiago, ejerciendo como presidente y secretario durante varios períodos.

El legado de Federico William M. Lithgow Ceara trasciende su muerte en diciembre de 1977. Su vida ejemplar continúa inspirando a las generaciones futuras, recordándonos la importancia de la compasión, el servicio desinteresado y la búsqueda constante del conocimiento y la excelencia en todas las áreas de la vida. En un mundo donde la dedicación a los demás a menudo queda eclipsada por intereses egoístas, el ejemplo de Lithgow brilla como un faro de esperanza y altruismo.

 

jueves, 29 de febrero de 2024

La Bandera Dominicana: Un Símbolo de Identidad y Respeto

 

La Bandera Dominicana: Un Símbolo de Identidad y Respeto

Profesor. Marcos Marte

La bandera dominicana es mucho más que un simple trozo de tela ondeando al viento; es un símbolo arraigado en la historia y el corazón del pueblo dominicano. Concebida por Juan Pablo Duarte en 1838, confeccionada por María Concepción Bona y María Trinidad Sánchez, esta bandera ha sido testigo de los momentos más importantes de la nación, desde su independencia hasta la actualidad.

Sus colores tienen un profundo significado que refleja los valores y aspiraciones del pueblo dominicano. El azul ultramar representa el cielo que cubre la patria, simbolizando la protección divina sobre la nación y los ideales de progreso. El rojo bermellón evoca la sangre derramada por los patriotas en la lucha por la independencia, mientras que el blanco representa la paz y la unidad entre todos los dominicanos.

El 27 de febrero de 1844 marca un hito en la historia dominicana, ya que fue el día en que se izó por primera vez la bandera nacional, coincidiendo con la proclamación de la independencia. Posteriormente, el 6 de noviembre del mismo año, se añadió el escudo nacional con el lema "Dios, Patria, Libertad", así como se intensificaron los colores y se realizaron ajustes en su diseño para resaltar su belleza y significado.

El 4 de marzo de 1844 marcó un momento histórico para la República Dominicana, un día en el que la bandera nacional fue izada por primera vez en la villa de La Vega, ubicada en la región del Cibao. Este acto simbólico, realizado por las hábiles manos de las hermanas María del Carmen, María Francisca y Manuela Villas del Orbe, se convirtió en un símbolo perdurable de valentía y determinación en la lucha por la independencia dominicana.

La bandera dominicana es única en su clase. Es la primera de los 27 países que incorpora un escudo de armas en su diseño y el único en el mundo que incluye la imagen de una Biblia abierta con el versículo Juan 8:32: "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres". Este detalle no solo refleja la profunda religiosidad del pueblo dominicano, sino también su búsqueda constante de la libertad y la justicia.

El uso y el respeto hacia la bandera dominicana están regulados por la ley 360 de 1943, que establece pautas estrictas para su manejo y preservación. Según esta ley, la bandera nunca debe tocar el suelo ni ser arrastrada, y debe mantenerse en condiciones óptimas de limpieza y conservación. Si la bandera está en mal estado, se debe incinerar con el debido respeto y solemnidad, honrando así su importancia y significado.

En conclusión, la bandera dominicana es mucho más que un símbolo patrio; es un recordatorio de la historia, la identidad y los valores del pueblo dominicano. A través de los años, ha sido un faro de esperanza y unidad, inspirando a generaciones a luchar por un futuro mejor. Por tanto, debemos honrar y respetar nuestra bandera, preservando su integridad y significado para las generaciones venideras.

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jueves, 18 de enero de 2024

Juan Pablo Duarte: Padre Fundador de la República Dominicana

 

Juan Pablo Duarte: Padre Fundador de la República Dominicana

Por. Marcos Marte

Juan Pablo Duarte, nacido el 26 de enero de 1813 en la ciudad de Santo Domingo, desempeñó un papel crucial en la independencia de la República Dominicana del dominio haitiano y la configuración de su identidad nacional. Su legado como patriota y líder revolucionario ha dejado una huella indeleble en la historia de la nación.

Formado en España, Duarte regresó a su país natal, la República Dominicana, donde sus raíces se entrelazaban con la mezcla de culturas y orígenes. Su padre, José Duarte, era de origen español, mientras que su madre, Manuela Jiménez, provenía de El Seibo y tenía ascendencia española y dominicana.

En el año 1838, Duarte fundó la sociedad secreta "La Trinitaria" con el lema "Dios, patria y libertad". Entre sus primeros miembros se encontraban destacados patriotas como Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandro Pina, Jacinto de la Concha, Félix María Ruiz, José María Serra, Benito González, Felipe Alfau y Juan Nepomuceno Ravelo. La Trinitaria se creó con el propósito de buscar la independencia de la esclavitud haitiana y establecer una República Dominicana soberana.

El 27 de febrero de 1844, con el liderazgo de Francisco del Rosario Sánchez y el histórico "trabucazo" de Ramón Mella, se declaró la independencia de la República Dominicana. Este acontecimiento marcó el inicio de la República y estableció las fronteras actuales con la antigua parte francesa de la isla.

Sin embargo, la lucha por la independencia no fue fácil. Pedro Santana, quien se convirtió en el primer presidente de la República Dominicana en 1844, tuvo que enfrentarse a invasiones haitianas y eliminar facciones rivales, incluyendo la declaración de traidores a figuras como Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Mella. A pesar de los desafíos, la determinación de los dominicanos prevaleció.

La fe ocupó un lugar central en la visión de Duarte para la República Dominicana, como se refleja en el lema de La Trinitaria y en sus palabras sobre la verdad y la libertad. A lo largo de la historia, los dominicanos han recordado y honrado a aquellos que sacrificaron sus vidas por la libertad y la independencia.

La figura de Juan Pablo Duarte sigue siendo un faro de inspiración y un símbolo de la lucha por la libertad en la República Dominicana. Su legado vive en la memoria colectiva de la nación, recordándonos la importancia de preservar la independencia y la identidad dominicana.