jueves, 29 de agosto de 2024

Francisco Antonio Alberto (Frank Fermín

 

Francisco Antonio Alberto (Frank Fermín): Un Líder Comunitario Inolvidable.  

 


Nacimiento: 7 de julio de 1961 en La Vega 

Profesor. Marcos Marte  

Francisco Antonio Alberto, conocido cariñosamente como Frank Fermín, nació el 7 de julio de 1961. Desde temprana edad, Frank se destacó como una persona excepcional, reconocido por su liderazgo, empatía, amabilidad y respeto hacia los demás. Su naturaleza colaboradora y amigable lo convirtió en un pilar fundamental de su comunidad.

Vocación en la Educación y el Deporte

Frank encontró su verdadera vocación en la educación, desempeñándose como maestro de Educación Física en el Colegio Don Luis Despadrel y en el Centro Educativo El Carmen Fe y Alegría. Su pasión por el deporte, especialmente el béisbol, fue una constante en su vida. No solo practicaba el deporte con dedicación, sino que también desempeñó un papel crucial como árbitro en varios grupos deportivos locales.

Su amor por el béisbol lo llevó a fundar la Liga Napolitana, una iniciativa que integró tanto a mujeres como a hombres de la comunidad de El Nápoles, promoviendo la igualdad y el deporte en la zona. Esta liga no solo fomentó el desarrollo deportivo, sino que también creó un espacio de inclusión y camaradería entre los miembros de la comunidad.

Compromiso con la Juventud y la Comunidad

Además de su labor en el ámbito deportivo y educativo, Frank fue un miembro activo de la pastoral juvenil, dedicando su tiempo y esfuerzo a formar a una juventud con sólidos valores. Su compromiso con el bienestar de su entorno lo llevó a ser una pieza fundamental en la fundación de la Junta de Vecinos de la comunidad de El Nápoles. A través de esta organización, Frank trabajó incansablemente para mejorar la calidad de vida de sus vecinos y promover el desarrollo comunitario.

Vida Familiar y Personal

En el plano personal, Frank formó una familia llena de amor junto a Maribel Joaquín, con quien tuvo tres hijas: Ruth, Paola y Estefany. Como padre, esposo y amigo, Frank fue inigualable, siempre presente y brindando su apoyo incondicional. Su solidaridad fue una de sus características más notables, siempre dispuesto a tender una mano amiga a quienes más lo necesitaban, sin esperar nada a cambio.

Legado y Recordación

La inesperada partida de Francisco Antonio Alberto dejó un vacío irreparable en los corazones de su familia, amigos y la comunidad educativa y vecinal a la que tanto aportó. Su ausencia ha dejado destrozados a todos aquellos que tuvieron la fortuna de conocerlo, pero su legado de amor, dedicación y servicio continuará inspirando a futuras generaciones.

Frank Fermín será siempre recordado como un líder comunitario ejemplar, un educador apasionado y un ser humano extraordinario que dedicó su vida a mejorar la de los demás. Su impacto positivo en la comunidad de El Nápoles y en todos aquellos que lo conocieron perdurará como un testimonio de su generosidad y compromiso con el bienestar colectivo.

 

 

 

La Vega, 4 de marzo de 1844: Un Día Histórico para la Independencia Dominicana

 

 

La Vega, 4 de marzo de 1844: Un Día Histórico para la Independencia Dominicana

Profesor. Marcos Marte  

El 4 de marzo de 1844 es una fecha significativa en la historia de la República Dominicana, marcada por actos de valentía y patriotismo que contribuyeron a la consolidación de la independencia recién proclamada. Este día se destaca no solo por la movilización militar crucial en Santo Domingo, sino también por el simbólico izado de la bandera dominicana en La Vega, un acto que reflejó el fervor independentista en la región del Cibao.

Movilización de los Regimientos en Santo Domingo

En respuesta a la amenaza inminente de una ofensiva desde Haití, la Junta Central Gubernativa, el gobierno provisional formado tras la proclama separatista del 27 de febrero de 1844, decretó la movilización de los regimientos 31 y 32 de la Guardia Nacional. Estos regimientos, con asiento en Santo Domingo y comandados por Manuel Mora y Feliciano Martínez, fueron enviados vía marítima a Azua. La movilización tenía como objetivo reforzar el frente de batalla en Azua, una zona estratégica para la defensa de la nueva nación contra posibles ataques haitianos.

La Bandera Dominicana en La Vega

Mientras tanto, en La Vega, la lucha por la independencia se manifestaba de manera simbólica y poderosa. Por primera vez en el Cibao, la bandera dominicana fue izada, un acto que representó la adhesión de esta región a la causa independentista. Este evento histórico fue posible gracias a las hermanas María del Carmen, María Francisca y Manuela Villa del Orbe, quienes confeccionaron la bandera y la izaron en un acto de profundo significado patriótico. La ciudad de La Vega se pronunció en favor de la independencia, reafirmando su compromiso con la naciente República Dominicana.

Significado y Legado

El 4 de marzo de 1844, por tanto, no solo consolidó la preparación militar ante amenazas externas, sino que también fortaleció el espíritu de unidad y determinación en la lucha por la independencia. El izado de la bandera en La Vega simbolizó la creciente marea de apoyo a la causa nacionalista en todo el país.

El acto de las hermanas Villa del Orbe en La Vega se convirtió en un símbolo perdurable de valentía y patriotismo. Su decisión de izar la bandera dominicana representó la esperanza y el sacrificio de aquellos que lucharon por una nación libre y soberana. Este evento sigue siendo recordado y celebrado como un momento crucial en la historia de la República Dominicana.

En resumen, el 4 de marzo de 1844 destaca como un día de gran importancia en la lucha por la independencia dominicana. La movilización de los regimientos de la Guardia Nacional y el simbólico izado de la bandera en La Vega reflejan el coraje y la determinación del pueblo dominicano en su camino hacia la libertad y la soberanía. Estos actos heroicos continúan inspirando a las generaciones presentes y futuras a valorar y proteger la independencia lograda con tanto esfuerzo y sacrificio

Norberto Tiburcio Durán: Héroe de la Restauración Dominicana (1829-1911)

 

Norberto Tiburcio Durán: Héroe de la Restauración Dominicana

(1829-1911)

Profesor. Marcos Marte  

Norberto Tiburcio Durán, reconocido general de la Restauración y figura emblemática de la historia dominicana, nació en 1829 en Jarabacoa, Provincia de La Vega. Hijo de Luis Tiburcio Bueno, un comerciante de andullos entre el Cibao y el Sur, y Juana Durán, Tiburcio Durán se destacó no solo por su valor en el campo de batalla sino también por su lealtad y dedicación a la causa de la independencia y la soberanía nacional.

Lealtad y Luchas en la Restauración

Norberto Tiburcio Durán fue un hombre de mucha confianza y estima para Gregorio Luperón, uno de los principales líderes de la Restauración. Su compromiso con el Partido Azul, partido que lideraba Luperón, reflejaba su profunda convicción en la lucha por la libertad y la justicia. Durante la Guerra de Restauración, que buscaba la expulsión de los españoles y la restauración de la independencia dominicana, Tiburcio Durán luchó en diversas batallas cruciales, incluyendo San Cristóbal, Baní, El Maniel y San Juan, demostrando su valentía y habilidades militares.

Gobernador y Revolucionario

En 1878, Norberto Tiburcio Durán fue nombrado gobernador de La Vega, cargo desde el cual continuó su lucha por la causa nacionalista. En ese mismo año, junto al general Cándido de Vargas, lideró la "Revolución de los Pinos", un levantamiento que duró siete meses y que fue crucial para derrotar al baecismo, el movimiento liderado por Buenaventura Báez que buscaba la anexión de la República Dominicana a potencias extranjeras. Esta revolución ayudó a sepultar definitivamente el "baecismo antiduartiano y extranjerizante", consolidando así la soberanía e independencia dominicanas.

Legado y Reconocimiento

El legado de Norberto Tiburcio Durán es recordado con honor en su ciudad natal, Jarabacoa, donde una calle lleva su nombre en reconocimiento a sus contribuciones a la patria. Su vida y sus acciones son un testimonio de su inquebrantable compromiso con la libertad y la independencia de la República Dominicana.

Norberto Tiburcio Durán falleció el 1 de enero de 1911 en Jarabacoa, dejando tras de sí una vida dedicada a la lucha por la justicia y la libertad. Su nombre y sus hazañas continúan siendo una fuente de inspiración y orgullo para los dominicanos, recordando siempre el valor y la determinación necesarios para preservar la independencia y la soberanía nacional.

 

 

José Agustín Concepción Susana: Un Pionero del Periodismo y la Literatura Dominicana, (1906-1999).

José Agustín Concepción Susana: Un Pionero del Periodismo y la Literatura Dominicana 1906- 1999).

     Prof. Marcos Marte  

José Agustín Concepción Susana, historiador, poeta, periodista y educador dominicano, dejó una huella imborrable en la historia literaria y periodística de la República Dominicana. Nacido en La Vega en 1906, Concepción Susana mostró desde muy joven un talento innato para las letras. A los once años, inició su carrera periodística en el semanario vegano 'El Día' en 1917, un hecho notable que marcó el inicio de una trayectoria profesional extensa y fructífera.

Carrera Periodística

La carrera periodística de Concepción Susana abarcó diversas ciudades dominicanas, incluyendo La Vega, Santo Domingo, Barahona, Santiago, San Francisco de Macorís y Azua. En La Vega, se destacó como fundador de varios periódicos que se convirtieron en importantes medios de comunicación locales:

"El Zumbador" (1920)

"El Combate" (1927)

"El Iris" (1927)

"El Norte" (1948)

También fundó la revista "Alma Cibaeña" en Santiago, consolidando su influencia en el ámbito periodístico del Cibao. Su versatilidad como periodista lo llevó a trabajar como redactor en diversos medios, tales como "El Duende", "El Esfuerzo", "El Sur", "La Nación" y "El Caribe". Entre 1968 y 1972, se desempeñó como corrector de estilo del prestigioso Listín Diario, uno de los periódicos más importantes del país.

Contribuciones Literarias e Históricas

Además de su prolífica carrera periodística, José Agustín Concepción Susana fue un poeta y ensayista distinguido. Su poesía, de corte tradicional, se reflejó en obras como:

"Rosas en botón"

"Canto a Sandino" (1928)

"Ofrenda" (1934)

"Demetrio Rodríguez" (1951)

"El general José Brache y la teoría antililisista mocana" (1985)

Sus ensayos históricos, especialmente los de su última etapa como escritor, se caracterizaron por una rigurosa investigación y una representación justa de los hechos y personajes históricos de su época. Su enfoque se destacó por evitar el discurso contestatario, optando en cambio por un análisis equilibrado y objetivo.

Legado y Reconocimientos

En 1983, Concepción Susana fue uno de los miembros fundadores del Instituto Dominicano de Genealogía, una institución dedicada al estudio y preservación de la historia familiar y nacional. Su compromiso con la investigación histórica y la literatura dejó un legado que continúa siendo una fuente de inspiración para futuros periodistas, historiadores y poetas dominicanos.

José Agustín Concepción Susana falleció el 5 de mayo de 1999, dejando tras de sí una vida dedicada al servicio de la cultura y la educación en la República Dominicana. Su obra y su legado perduran, reflejando el espíritu de un pionero que supo combinar con maestría el arte de la escritura y la investigación histórica.

 

miércoles, 10 de abril de 2024

Salomé Camila Henríquez Ureña (1894-1973): Un Legado Intelectual Perdurarte Por. Marcos Marte

 


Salomé Camila Henríquez Ureña (1894-1973): Un Legado Intelectual Perdurarte

Por. Marcos Marte

Salomé Camila Henríquez Ureña, una figura emblemática en el panorama intelectual del siglo XX en Latinoamérica y el Caribe, dejó un legado que trasciende fronteras y generaciones. Nacida en Santo Domingo en 1894, esta destacada escritora, educadora y humanista dominicana, nacionalizada cubana, marcó un hito en la historia cultural de la región.

Hija de los reconocidos intelectuales Francisco Henríquez y Carvajal y Salomé Ureña de Henríquez, desde temprana edad, Salomé Camila demostró un talento excepcional. A los nueve años, se trasladó con su familia a Cuba, donde iniciaría una trayectoria académica y profesional que la llevaría a destacarse a nivel internacional.

Henríquez Ureña obtuvo su doctorado en Filosofía, Letras y Educación en la prestigiosa Universidad de La Habana en 1917. No contenta con ello, continuó sus estudios en las universidades de Minnesota y Columbia en Estados Unidos, consolidando así una formación integral que influiría profundamente en su obra y pensamiento.

Su carrera académica y su compromiso con la educación la llevaron a ocupar diversos roles de relevancia. Desde su labor como editora del Fondo de Cultura Económica de México entre 1946 y 1947, hasta su papel como asesora técnica del Ministerio de Educación de Cuba entre 1960 y 1962, Henríquez Ureña dejó una marca indeleble en la promoción de la cultura y el conocimiento.

Como catedrática en el departamento de Lenguas y Literaturas Hispánicas de la Universidad de La Habana y en Vassar College en Estados Unidos, compartió su profundo conocimiento y pasión por las letras, influenciando a varias generaciones de estudiantes y académicos.

Pero su legado va más allá de sus contribuciones académicas. Henríquez Ureña se destacó como una crítica literaria aguda y una conferencista elocuente, abogando siempre por la integración de la mujer en el ámbito intelectual. En Cuba, presidió la Sociedad Femenina y fue fundadora de la Institución Hispano Cubana de Cultura, demostrando su compromiso con la igualdad de género y el acceso universal a la educación y la cultura.

La Universidad de Santo Domingo reconoció su vasta contribución otorgándole el título de Profesora Honoraria, un testimonio del respeto y la admiración que inspiraba en su país natal.

El 12 de septiembre de 1973, Salomé Camila Henríquez Ureña dejó este mundo, pero su legado perdura en las mentes y corazones de aquellos que valoran el conocimiento, la educación y la búsqueda incansable de la verdad. Su vida y obra continúan siendo una fuente de inspiración para las generaciones venideras, recordándonos el poder transformador del pensamiento y la cultura en la construcción de un mundo más justo y equitativo.


viernes, 15 de marzo de 2024

 


La Batalla del 19 de Marzo: Un Histórico Combate en Azua

Profesor. Marcos Marte

La Batalla del 19 de Marzo, también conocida como la Batalla de Azua, representa un episodio crucial en la historia de la República Dominicana. Este enfrentamiento, que tuvo lugar el 19 de marzo de 1844, marcó el primer combate significativo entre las fuerzas dominicanas y las tropas invasoras haitianas, lideradas por el Presidente haitiano Charles Rivière-Hérard Ainé. La batalla se libró en Azua, una localidad estratégica en el camino de San Juan de la Maguana, y su desenlace significó un punto de inflexión en la lucha por la independencia y la soberanía del pueblo dominicano.

El escenario estaba preparado para un enfrentamiento histórico. Las fuerzas dominicanas, lideradas por el General Pedro Santana, estaban compuestas por unos 2,500 soldados provenientes de diversas regiones del este y sur del país. En contraste, las tropas haitianas, bajo el mando de Rivière-Hérard Ainé, contaban con alrededor de 8,000 hombres, reclutados principalmente de la capital haitiana y de Mirabelais.

Desde las primeras luces del alba, el General Santana desplegó sus tropas estratégicamente, formando una línea de defensa que abarcaba desde el camino del Barro en el noroeste hasta el camino de Los Conucos en el suroeste. En el flanco derecho, los fusileros azuanos, comandados por Valentín Alcántara y Vicente Noble, junto con un contingente de macheteros entrenados por el coronel Antonio Duvergé, se prepararon para el enfrentamiento. En la retaguardia de este flanco, Nicolás Mañón lideraba a 200 hombres desde el Cerro de Resolí.

En el centro de la defensa dominicana, flanqueando el camino de San Juan de la Maguana, se posicionó una pieza de artillería de gran calibre, dirigida por Francisco Soñé, respaldada por las tropas monteras y hateras comandadas por Juan Esteban Ceara, Lucas Díaz y Luis Álvarez. A la izquierda, otra pieza de artillería y los fusileros de Matías de Vargas, José Leger y Feliciano Martínez se prepararon para el combate. El coronel Duvergé, como jefe de la línea de defensa, coordinaba las operaciones según las necesidades del momento.

La batalla comenzó con el asalto haitiano por el centro, liderado por el general Thomas Héctor. Sin embargo, un error táctico en la formación de la columna cerrada facilitó el impacto de la artillería dominicana, que diezmó las filas enemigas con rondas sucesivas de metralla. Los fusileros dominicanos, bajo el mando de Lucas Díaz, aprovecharon la confusión para descargar sus armas y lanzar una carga de machete que desbarató el avance haitiano en este frente.

Mientras tanto, en el flanco izquierdo dominicano, las tropas haitianas intentaron atacar las posiciones defendidas por Matías de Vargas, Leger y Martínez en el camino de Los Conucos. Sin embargo, la eficaz defensa, respaldada por una pieza de artillería de menor calibre, frustró el intento enemigo, resultando en la caída de los dos coroneles haitianos que dirigían el ataque.

El desenlace de la batalla fue desfavorable para las tropas haitianas, que se vieron obligadas a retirarse en desorden. El ala izquierda haitiana, compuesta por el segundo y sexto regimiento, se enfrentó a los azuanos de Duvergé, apoyados por los fusileros de Nicolás Mañón desde el Cerro de Resolí. Una valiente carga a machete sembró el pánico entre las filas haitianas, que retrocedieron presas del terror y la mortandad causada por las armas blancas.

Tras la batalla, las fuerzas dominicanas persiguieron y hostigaron al ejército haitiano en retirada hasta una legua de la ciudad. El General Santana, reconociendo la importancia de mantener la presión sobre el enemigo, se retiró estratégicamente a Baní, dejando a cargo de la defensa del paso del desfiladero del Número al General Antonio Duvergé.

La Batalla del 19 de Marzo de 1844 en Azua no solo representó una victoria militar para las fuerzas dominicanas, sino que también consolidó el espíritu de resistencia y determinación del pueblo dominicano en su lucha por la independencia y la soberanía nacional. Este episodio histórico sigue siendo recordado como un símbolo de la valentía y la determinación del pueblo dominicano en la defensa de su libertad y dignidad.

lunes, 11 de marzo de 2024

 


Federico William M. Lithgow Ceara (1902-1977): Un legado de altruismo y multifacética pasión

Profesor. Marcos Marte 

Federico William M. Lithgow Ceara fue más que un médico y filántropo dominicano. Nacido en La Vega en 1902, su vida se destacó por una dedicación incansable a servir a los demás y por una pasión multifacética que abarcaba desde la medicina hasta la música y el alpinismo.

Desde sus primeros años, Lithgow demostró un compromiso innato con el aprendizaje y el servicio. Inició su carrera educativa como maestro en el Colegio San Sebastián y la Escuela Normal, buscando recursos para poder realizar su sueño de estudiar Medicina en Santo Domingo. En 1923, comenzó su formación médica, graduándose como "Licenciado en Medicina" el 30 de julio de 1926, siguiendo la costumbre de la época.

Lo que distinguió a Lithgow en su práctica médica fue su enfoque filantrópico. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, su clientela estaba compuesta principalmente por pacientes pobres. Su compromiso con el bienestar de los menos privilegiados lo llevó a cobrar mínimas tarifas o incluso a proporcionar medicamentos de forma gratuita. Para él, la medicina no era solo una profesión, sino una vocación para servir y aliviar el sufrimiento humano.

Sin embargo, su vida no se limitó al ámbito médico. Lithgow era un hombre de muchos talentos e intereses. Practicaba el alpinismo y dejó un legado de escritos sobre el tema, demostrando su amor por la naturaleza y la aventura. Además, era hábil en la ejecución de varios instrumentos musicales, mostrando su pasión por el arte y la expresión creativa.

A lo largo de su vida, Lithgow también desempeñó roles significativos en la esfera pública y cultural de la República Dominicana. Sirvió como regidor del Ayuntamiento durante varios años y ocupó cargos prominentes en diversas organizaciones, incluyendo la vicepresidencia de Amantes de la Luz y la presidencia de la asociación cultural Pro-Arte en dos ocasiones. Además, tuvo una destacada participación en la Asociación Médica de Santiago, ejerciendo como presidente y secretario durante varios períodos.

El legado de Federico William M. Lithgow Ceara trasciende su muerte en diciembre de 1977. Su vida ejemplar continúa inspirando a las generaciones futuras, recordándonos la importancia de la compasión, el servicio desinteresado y la búsqueda constante del conocimiento y la excelencia en todas las áreas de la vida. En un mundo donde la dedicación a los demás a menudo queda eclipsada por intereses egoístas, el ejemplo de Lithgow brilla como un faro de esperanza y altruismo.